Madres corajes hay muchas, casi diría que todas lo somos. En mi opinión madre coraje son todas las que son madres. Todas tienen que luchar por sus hijos de una u otra manera, quizá parezca que unas lo tengan más fácil que otras, pero en definitiva es una lucha continua contra adversidades constantes.
En mi caso tengo que reconocer que ha sido muy duro. Pensaba
que los nueve meses de embarazo y el parto sería lo más duro y lo más difícil de tener un hijo,
en realidad es lo que más se ve y lo que más se “valora”, todo el mundo admira, quiere y
cuida a la mamá que está “esperando” y todo el mundo va a verte al hospital con
flores y a ver al niño recién nacido “tan guapo”, lo sea o no, es tan monoo…
Incluso lo que viene después, aunque para algunas madres
puede resultar duro, atenderle, darle de mamar, cambiar pañales, pasar noches en vela,
su primer diente, su primera fiebre, cuidarle, criarle, educarle… Para mí fue
muy lindo y lo recuerdo como unos momentos que nunca olvidaré, creo que son muy
necesarios porque son un gran lazo de unión entre madre e hijo.
Lo duro vino después, cuando tan absorbida por toda esta dedicación
no te das cuenta que tu marido no está prácticamente en casa porque se pasa el día
“trabajando”, y sólo eres consciente cuando tu hijo, con sus primeras palabras,
echa de menos a su padre y empieza a preguntar por él, sobre todo justo cuando
vas a acostarle y se pone a gritar llorando, llamándole y nada de lo que digas
le consuela… es duro… Es entonces, cuando tu propio hijo te hace ser consciente
de la realidad en la que estás.
Y es cuando empiezas a ver cosas que no te cuadran, cuando
ves la verdadera relación que llevas con tu marido, en la que todo son
problemas y discusiones por nada y por todo. Y observas con tus cinco sentidos
que ambos no habláis el mismo idioma, ni siquiera vais en la misma dirección. No
entiendes en que punto te encuentras y que sentido tiene todo lo que has vivido
hasta ahora, al menos desde mi punto de vista que siempre he entendido que la
familia y el tener hijos es cosa al menos de tres.
Y es cuando te empiezas a plantear que es lo mejor para ese
niño que está empezando a conocer el mundo, ¿seguir los tres en el mismo barco en
esa convivencia dura o intentar darle una vida mejor y seguir rumbos distintos?
Es un proceso mental complicado, sobre todo cuando has tenido una educación en
la que el matrimonio es para toda la vida, en el que es un continuo crecer y
aprender el uno del otro pase lo que pase. Pero si en ese barco sólo uno es el
timonel y es el que lucha contra viento y marea, siendo tu propio compañero de
viaje el que provoca todo tipo de tempestades y adversidades en las que el
timonel es abatido continuamente y él y sus tripulantes siempre tienen todas las
de perder… ¿Entonces? ¿Qué opción debes elegir? ¿Cuál es la más adecuada para
ese niño que acaba de llegar?, ¿Seguir juntos a pesar de todo, o darle una vida
más tranquila en la que pueda crecer y vivir en un ambiente mucho más relajado?
Al final la mejor opción fue separarme, creyendo que ahí se
acabarían todos mis problemas sin saber que precisamente es cuando empezó todo…
Arrasó todo lo que yo tenía: mis amigos, mi familia, mi
trabajo..., me seguía, me acosaba, me amenazaba, me insultaba delante de mi hijo…
Al final tuve que denunciarle en contra de mis principios y parece que todo ese
acoso cesó durante un tiempo. Ahora sigue haciendo lo mismo con la única
personita que nos une y quiero pensar que en mi constante lucha mi hijo será
coherente y una gran persona a pesar de todo.
Desde entonces hasta ahora he tenido que reconstruir mi vida
al tiempo que intentaba educar, dirigir y mantener estable a mi hijo continuamente cuando volvía los fines de semana de casa de su
padre. He tenido que esforzarme para demostrar que soy una buena hija, una buena hermana, una buena amiga, una buena trabajadora y… una buena madre.
Ahora, después de casi ocho años ya me he cansado de
demostrar lo que realmente soy. Ahora “voy a ser” y voy a dejar de demostrar.
En realidad voy a ser como soy y como he sido siempre. Antes
de embarcarme en la aventura del matrimonio era una mujer de éxito, con una
familia que me adoraba, unos amigos que me querían, un trabajo en el que había
triunfado, con una casa preciosa… Ahora vuelvo a tener todo eso pero con un
niño encantador, por el que tengo que seguir luchando y protegiendo de una de las personas que más quiere y confía.
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